Allá en el pesebre. Vídeo de la semana.

¡Feliz viernes a todos!

¡Ya se acercan las Návidades y sería bueno que empezásemos a entonar cantos de alegría por el nacimiento de nuestro Salvador!

Este fin de semana pasada, en España, celebramos la Inmaculada concepción de la Virgen Maria. No se si sabeis la importancia del ¡Si! de Maria, para toda la humanidad.

Gracias a ella, se abrió esta puerta de salvación y esperanza a todos los seres humanos de este mundo. Para aquellos que buscan consuelo y descanso de sus muchas fatigas y desengaños. Para aquellos que están satisfechos de si mismos, no.

Y de ese, si, de Maria, estamos a punto de celebrar el nacimiento de Jesús. El Hijo de Dios que se hizo hombre y que desde el vientre de su madre, padeció todas las vicisitudes que padece la humanidad.

¿Qué había en el pesebre? La hermosa Maria, el fiel y fuerte José y el querido, pero no esperado Jesús. ¿Por qué no esperado? Por que el mundo no esperaba a un Dios hecho hombre que se dejara matar por nosotros y que nos hablara de amor y no de guerra y poder. Y que curase a los enfermos gratuitamente. Era y es todo aquello que la humanidad no es.

Por eso, los católicos de todo el mundo estamos alegres. Y no importa se desvirtuan los pesebres de nuestros municipios en pro de la modernidad y la cultura. Nosotros sabemos que el mundo no está preparado para recibir esta bendición. Pues nosotros tampoco lo estábamos.

¿Entonces, como descubrimos este misterio escondido a todos a la vista de los ojos de todo el mundo? Esa es la pregunta que debemos hacernos cada día, para saber como anunciar la buena nueva a todos.

Pero seguro que hay una puerta por la que Jesús entra en nosotros y es algo común en todos. La humildad, la soledad. Por eso estaban Maria y José en el pesebre, porque nadie quiso recibirlos en su casa.

Por eso cuando estamos solos y humillados, podemos morir o como hicieron Maria y José esperar que Dios acontezca y no deje fuera de su mano a los padres de su hijo. Como tampoco deja a sus creaturas solas, cuando nos volvemos a él con humildad y rectitud de corazón.

Ahora os vuelvo a preguntar ¿Qué había allá en el pesebre?

¡Sed felices y la paz de Cristo con todos vosotros!